jueves, mayo 19, 2005

Ya no somos los mismos

La semana pasada un desconocido lanzó a Bush una granada en Georgia, la bonita república caucásica. Eso es impulso. La bomba de mano era auténtica, cayó a unos 30 metros de donde George se encontraba y no llegó a estallar por causas ajenas a nuestra Redacción. Vamos, que debía estar en mal estado y no explosionó, como dicen los cursis y los periodistas (valga la redundancia).

Se deduce de ello que, de haber explosionado la tal granada, el tal Bush podría haber resultado perjudicado mortalmente (improbable pero no imposible): hoy el mundo habría sido otro distinto del de la semana anterior. Pero, de hecho, hoy el mundo es ya distinto: es un mundo en el que, hace una semana, el político más influyente (en fin, por decirlo finamente) del planeta podría haber volado por los aires georgianos. Nosotros, los de entonces, los de hace 2 semanas, ya no somos los mismos. Descanse en paz (la granada, digo).