lunes, mayo 23, 2005

Ponga un manifiesto en su vida

POR UNA IZQUIERDA NACIONAL ESPAÑOLA.

I.

Finalmente, ser de derechas parece que se pone de moda en España. Claro que quien lo profese, rara vez admitirá hoy “soy de derechas”. No: más bien, proclamará “soy liberal o, en el colmo de la falta de complejos, “soy liberal-conservador”.


II.

Hasta no hace mucho, decir “derecha” en España era decir franquismo o nostalgia de franquismo, o, cuando menos, reacción, ABC y misa los domingos. Caspa, en suma. El genuino españolismo parecía consistir en practicar un cierto conservadurismo político y vital, antimoderno, a veces xenófobo, asunto de fachas y carcundas. Así que (se deducía) ser y decirse español y españolista tendría que ver sólo con la rancia derechona (sin duda, inferencia tan sin sentido como considerar que proclamarse europeo y europeísta ha de implicar ser de derechas). Pero hoy aparece en España una derecha con renovados bríos, una nueva energía de derechas, ¿una derecha no conservadora?, ¿una derecha revolucionaria que mola? (“Revolución de la Libertad” han llamado los ultraserranos de la FAES a cierto seminario celebrado en San Pablo-CEU).


III.

Porque hoy, el pensamiento hard, el discurso de derechas, al menos el más populista, en bruto, sin pulir, tiene buena salida electoral, es un género que vende, hay demanda: “El islam es una amenaza para el mundo libre”; “los delincuentes campan por sus respetos”; “la izquierda no sólo tolera la inmigración desenfrenada sino que la legaliza”; “a los socialistas no les interesa la idea de España”; “Zapatero negocia con terroristas”, etc.


IV.

¿Está el PSOE en crisis? ¿Puede romperse? Cuesta hoy pensar que Maragall y Rodríguez Ibarra; o Patxi López y Gotzone Mora, pertenezcan al mismo partido. (De hecho, los dos primeros NO pertenecen a la misma formación: el Partido Socialista de Extremadura y el Partit dels Socialistes de Catalunya no son el mismo partido.) Hoy en España la única organización política parlamentaria que puede llamarse nacional es el PP, que no tiene estructura federal.


V.

Y es que la izquierda mayoritaria da la impresión de estar a punto de cometer un grave error histórico: renunciar a la idea de España como marco unitario de acción política. Idea de España, como marco, como proyecto de construcción (eso es una nación, en suma), que la derecha españolista asume de bonísimo grado, como estandarte que le fuera históricamente propio. Y esta dejación de la izquierda, su renuncia a la idea de España, puede hacerle perder su legitimidad para ejercer el gobierno central por mucho tiempo: “¿Cómo alguien puede llevar acertadamente las riendas de un país en el que no cree?”


VI.

Porque España, como proyecto común democrático, como marco unitario de acción política, como nación en progreso, sólo puede subsistir y prolongarse en la Historia si es común y se asume como tarea y obra de todos y para todos. Si no es así, si una parte sustancial de la sociedad política renuncia al proyecto español, habrá quien se apropie en exclusiva de la idea de España y la utilice y prostituya contra los demás españoles en renuncio.


VII.

Lo contrario del rancio nacionalismo centralista español no es la repulsa de (la idea de) España. Lo contrario de Jiménez Losantos no ha de ser Carod-Rovira, sino un ejercicio de pedagogía nacional, desde la izquierda, que, sin complejos, conciba, asuma y explique España como causa común, como proyecto de (doble) integración cordial (de unos españoles con otros pero también de todos los españoles con quienes hayan llegado y vengan en los próximos años a nuestro territorio desde otros países), como marco de fecunda diversidad, como punto-puente de las culturas europea, latinoamericana y norteafricana: España como encuentro entre españoles diversos y como centro de una parte sustancial del mundo.


VIII.

Todavía, o más que nunca, hay terreno de juego suficiente para la izquierda en España. La izquierda mayoritaria debe abrazar, sin complejos, con ambición, la idea de España como proyecto vivo y propio. Puede y debe favorecerse la multiplicidad interna de las ideas socialistas. Pero el votante, el ciudadano, acabará desentendiéndose de la izquierda si percibe al PSOE más como una jaula de grillos enfrentados que como una organización (polifónica sí, pero concertada) que camina decidida en una sola y clara dirección.


y IX.

¿Son éstas reflexiones de un facha de izquierdas? No lo creo. Es sólo que a algunos no nos entusiasma ver a España entre barrotes conservadores. Durante buena parte del siglo XX, España (y su idea) estuvo secuestrada por el más rancio derechismo, cuando no directamente por el fascismo totalitario en su versión ibérica. Hora es ya de que la izquierda haga de España y su idea un proyecto íntimamente suyo. Son éstos, seguramente, tiempos propicios en España, en Europa y en occidente todo para el pensamiento duro de la derecha, el conservadurismo y la reacción. Ha sido, en gran parte, por las graves torpezas de la derecha española que la izquierda lleva hoy el timón de La Moncloa. Tiene, pues, por delante el partido de Rodríguez Zapatero la tarea (histórica, nos parece) de constituirse en un proyecto definitivamente español y para España, con confianza, sin complejos, que se alimente y crezca con la diversidad enriquecedora pero que se concentre y concrete en una hoja única de ruta, la de una izquierda nacional española para el siglo XXI.


(Pásalo.)