lunes, abril 25, 2005

Artículos carcundas: hoy: un guripa del PP.

(Tomado del ABC de hoy, 25-04-05)


Homosexualidad: yo tenía razón
Jorge Trías Sagnier

A mí me parece increíble que un grupo tan minoritario de personas, como esos [sic] que abanderan los colectivos de militancia homosexual [la homosexualidad es una militancia, entonces], impongan sus criterios a la inmensa mayoría de la sociedad [es increíble, ciertamente: lo mismo que esa minoría minoritarísima de personas con discapacidad física y movilidad reducida: ¡pues no te fastidia que, siendo como son un grupo de 3 y el de la guitarra, las Administraciones públicas dedican tiempos, dineros y personas a acondicionar (mediante rampas, bordillos rebajados, zonas de aparcamiento preferente, etc.) pueblos y ciudades de modo que su movilidad por las calles de España no se vea interrumpida por obstáculos insalvables?! ¡Que son una minoría, coññño...!! ¡Que no podemos dedicarles tanta atención...!!]. Ni podía hablarse de discriminación por razón de sexo pues la homosexualidad no se trata de un nuevo sexo; ni mucho menos de demanda social, ya que la nueva y absurda regulación del matrimonio es algo que casi nadie pedía [así se habla: abundando en nuestro caso anterior, ¿quién coños pide en España que se interrumpa el paso de personas normales por escaleras normales, de toda la vida, instalando en ellas rampas de baja pendiente para que, total, uno o dos impedidos al año suban por ella sin dificultad?]. El Partido Socialista quedó atrapado, como en tantas otras cosas, en un discurso político que estaba pensado para movilizar al griterío, pero no para gobernar. Las consecuencias que esta modificación legislativa va a tener en la sociedad pueden ser incalculables [¡el hundimiento de la Civilización Occidental por lo menos…!! ¡O la desaparición de la Iglesia Católica...! ¡O el finiquito de Chiquito de la Calzada...!!], sobre todo para la credibilidad de Zapatero. Ninguna persona sensata, sean cuales sean sus creencias, puede aceptar una barbaridad de este calibre.

Perdonen la inmodestia por el título de esta columna, pero en la VI legislatura (1996-2000) yo era diputado del Partido Popular [¡acabáramos…!] y portavoz [no disimule, sería portacoz…] de esa formación en la Comisión Constitucional y propuse una medida legislativa para paliar las situaciones injustas que se producían en determinadas uniones de hecho, homo o heterosexuales. Recuerdo que, entre otros, utilicé el antecedente legislativo del derecho francés y concretamente la propuesta socialista del denominado «Contrato de Unión Civil». Recabé la opinión de todos los grupos militantes y hablé con muchas personas que vivían en esa situación. Llegamos a la conclusión, apoyada sin reservas por Aznar y por todo el grupo popular, a excepción de la inefable Villalobos, de que esa era una buena solución. Socialistas y comunistas -la Esquerra prácticamente no existía entonces- se opusieron por motivos políticos. Exactamente igual que los grupos militantes de homosexuales. Por nada más. Lo de los derechos, y el intento de remediar situaciones injustas y discriminatorias, les importaba muy poco. Mejor dicho: les importaba un bledo. De lo que se trataba era de visualizar que los populares éramos «homófobos» y el proyecto, una solución liberal y aceptable para toda la sociedad, creyente y no creyente, naufragó. Cuando el PP obtuvo la mayoría absoluta -yo ya no era diputado- cometió el error de aparcar la cuestión. Y ahora los socialistas han perpetrado este solemne disparate jurídico, moral y social.

Diga lo que diga la vicepresidenta, los cristianos, cualquiera que sea su confesión, y los judíos, si son creyentes, no sólo pueden sino que deben negarse a celebrar este tipo de bodas esperpénticas [¡¡¿¿y dice que no es homófobo, el tío…!!??] por motivos de conciencia. En el caso de los católicos esa negativa es obligada y viene determinada por la Nota Doctrinal sobre las cuestiones relativas al compromiso y la conducta de los católicos en la vida pública firmada por el entonces cardenal Ratzinger y aprobada por Juan Pablo II el 24 de noviembre de 2002. Los católicos socialistas deberían repasar esa Nota.